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Domingo 20 de Julio del 2008 (02:04)
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Vicente Fernández Guerrero. Director EL FARO DIGITAL

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Próximo a cumplirse el primer año del mandato -no sé por qué algunos llaman legislatura, para referirse a la gestión municipal cuando aquí no se legisla nada-, va siendo hora de ir pensando en qué ha hecho el equipo de gobierno municipal motrileño. Sin datos objetivos en la mano -difícil será tenerlos-, casi a vista de pájaro, podemos hablar de impresiones.

Las vibraciones que llegan desde la casa consistorial, ciertamente, no son ilusionantes; más bien se tiene la sensación de que lo que funciona es la maquinaria rutinaria. Los funcionarios a lo suyo y los políticos que nos gobiernan están más pendientes de la imagen que del trabajo imaginativo. Será que la capacidad no da para más. En el año que llevamos, lo hemos perdido entre el digo y no tengo y el quiero (¿qué?) y no puedo. Tampoco es que tiempos pasados fueran mejores, tal vez la época rubialista podría haber apuntado algo, pero su ombligo le pudo frente al mundo y, también, que no quiso rodearse de un buen equipo gestor como algunos le apuntamos en su momento. Hacemos esta observación por el carácter retrospectivo de esta opinión. Y se trata de valorar lo que han hecho Rojas y los suyos.

Cierto es que los que se sientan en la Comisión de Gobierno carecen de fuerza y apoyo en las otras esferas de la Administración y su gestión no puede ir más allá de ser atendidos y respetados institucionalmente, por lo que no pueden arrancar proyectos ilusionantes y revolucionarios; pero, eso ya se sabía. Su espacio político se limita a gestionar el Presupuesto, que no es poco; aunque claramente insuficiente; porque, si se les ocurriera gestionar el municipio con mayores dimensiones, se encontrarían sin financiación y, lo que es peor: la larga espera y las trabas de mamá Junta, de papá Estado poco se espera. Entonces, su campo de juego, como decía, se reduce a trabajar sobre los planes en marcha y vigilar administrando que se materialicen. Eso es muy aburrido y rutinario.

¿Como quedar bien ante el ciudadano?, pues criticando la anterior gestión: que si esto no se ha hecho, que si el despilfarro, que si vaya situación que nos han dejado... El contrapunto en el circo lo pone el portavoz de la oposición, quien, por cierto, poco o nada tuvo que ver con la anterior gestión de sus compañeros. ...Y, en esas estamos. Soslayo tiene el equipo deportivo que dirige el todavía andalucista, Escámez, administrando su presupuesto y dando juego a todo el mundo; pero eso es la maquinaria social que funciona con pértigas, raquetas, balones, torres y zapatillas. Que también hay retos ahí como el capítulo de instalaciones deportivas y otros frentes ambiciosos. Limdeco, bien, gracias. Del viajero Villoslada, poco más sabemos de su viaje a Miami o a Madrid. Bueno, sí; lo de las banderas estuvo muy bien.

Por lo demás, las distintas áreas, apuntan más de lo mismo. Enumerarlas e inventariar sus resultados es complicado, salvo los fiascos de Cultura y las puestas en escena, de vez en cuando, de bonitos y emotivos gestos de nuestras féminas y laboriosas ediles, poco más. Un parcheo en las calles por aquí y en los jardines cuando les toca. Lo dicho, maquinaria y rutina administrativa.

Eso sí, cuando toca lo festivo, ahí estamos. También la Plataforma por las Infraestructuras, aunque la Mesa no sea mesa, puede valer la Plataforma para que los socialistas cumplan su palabra y no nos tomen más el pelo. Autovía ¡Ya!, pero, ya, que ya está bien. Si no circulamos -que no circularemos- este verano por ella, nos apuntamos a armar la marimorena, nosotros también.

A pesar de todo, no hay que perder la sonrisa. Motril lleva muchos años de retraso en su desarrollo y nuestro comentario, en avance de la valoración de gestión del primer año del cambio tranquilo, quiere elevar el tono y seguir destacando que unas épocas porque las papas no valen, otras porque la caña es una ruina, otras por la crisis del ladrillo y otras porque nos han faltado gestores; el caso es que Motril no es una ciudad de la que podamos presumir mucho... y haciendo un parangón desafortunado, podríamos decir que «Dios hizo de Motril un edén y lo pobló de motrileños».