 Javier Salvador, teleprensa.es
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Hace varios, muchos días, que tenía ganas de escribir sobre los más que extraños intentos para traer una facultad de Medicina a Almería. Mi opinión no es contraria en cuanto al fondo, pero sí en lo que respecta al momento y a los artistas, -seamos buenos y llamémosles así-, de ese circo que entre unos pocos se han montado.
Y escribo hoy porque ayer me crucé con el ex rector Almécija, caminaba junto al presidente del Colegio de Médicos y por el camino que seguían podían regresar, perfectamente, de un encuentro en la Cámara de Comercio o sus alrededores. Me apunté el avistamiento y decidí que hoy tocaba darles un toque a los del paso ligero.
Lo primero que no entiendo es que sea Almécija uno de los promotores, ya que ha tenido suficientes años como para proponerlo, lucharlo, conseguir ese reto y felicitarse por su puesta en marcha, pero no, tiene que ser ahora y desde el apeadero, como si quisiera volver a tomar un tren que ya se marchó. Pero me cuadra mucho menos cuando es el mismo ex rector quien impidió a una alumna de enfermería hacer sus prácticas y con ello conseguir la diplomatura, después de cursar todos sus años de estudios, tras la enorme inversión que supuso para sus padres y haber generado un mundo de ilusiones a una chica de veintipocos años que podría ser la hija de cualquier almeriense de esos a cuyas conciencias llaman ahora a la movilización. Claro que esa chica es sorda y eso la discriminó. Habrá que recordarle los años de instrucción judicial, recursos de la UAL tras perder, de vistas e insomnios de esa alumna en concreto y por ello no creo que sea él, precisamente, quien pueda abanderar nada en este campo.
Aún así está claro que es interesante, práctico y que sería un bello proyecto, pero también lo es la universidad en sí, y darle mayor vida y peso en la sociedad almerienses a las carreras que ya tiene y generar marca sobre ellas, es decir, convertirnos realmente en referentes nacionales de una materia que, a ser posible, esté ligada con la propia identidad de la provincia. Claro que ser la universidad que trabaja por la integración de los discapacitados es un marchamo que nunca tendremos gracias al mencionado artista.
Esto no quiere decir que debamos dejar esta iniciativas de lado, nada de eso, tenemos que crecer pero no creo que la fórmula correcta sea un “poquito de todo” como si pedirle a la Junta o al Estado fuese como ir a la charcutería un viernes por la tarde.
Al Ayuntamiento de Almería y a tantas otras administraciones o instituciones que apoyan esta iniciativa les rogaría que antes de dejar volar su imaginación fuesen al campus universitario. Yo lo hice ayer para ver si conseguía informáticos en prácticas y fui en bicicleta, que es mi vehículo habitual a partir del mes de abril. No vale que un alcalde apoye esta iniciativa cuando, por ejemplo, no tienes un carril bici que te lleve hasta allí y que el cachito que existe termine con un aspecto de lo más cutre y a cien metros de la propia universidad. No se puede pedir más, otras nuevas, cuando no hay un acceso debidamente urbanizado, atractivo, que te diga que entras a un lugar importante para la ciudad, para su propio futuro.
Creo, entiendo y defiendo que la Universidad de Almería se merece una facultad de Medicina, una de Veterinaria y un centro de entrenamiento aeroespacial, pero por partes, terminando una cosa y empezando otra, poniendo todos empeño en una sola dirección para cumplir las etapas con nota y dar el salto a nuevas aventuras cuando tengamos consolidado el modelo actual. Igual en el futuro hasta nos damos cuenta de que la facultad de Medicina debe ir adosada al Hospital de Poniente, en El Ejido y no el campus universitario o en el cuartel de la Misericordia, porque puede que en ese momento descubramos que es allí donde podría tener más sentido, atendiendo a las posibilidades de crecimiento de población e integración de la universidad con la sociedad y no sólo con la ciudad.
Pero sigo en mis trece. Y repito lo más básico, si no hay un carril bici que llegue hasta el mismo recinto. Si ni tan siquiera tenemos un acceso que se parezca al de un campus o una playa frente a la Universidad que podría ser un enorme hecho diferencial y un motor de potenciación de los deportes náuticos. Cuando no tenemos adecentados los alrededores, ni terminado el 50% del proyecto se nos ocurre lanzar un grito a lo Tarzán y vamos a por más. Lo entendería si hubiese problemas de colapso en las titulaciones existentes, pero eso no sucede ahora, ni a muchos años vista. No debemos abrir más frentes y menos esos que no nos aportarán una ventaja competitiva como universidad, porque seguro que la Facultad de Medicina de la Universidad de Almería no va a competir el año que viene o dentro de cinco con la de Navarra, Granada u otras de gran solera. Igual ése es el problema, que no tenemos solera de nada porque los rectores, hasta ahora, no se han preocupado de crearla ¿De quién es la culpa de los de antes o de los de ahora? |